El 27 de febrero de 1920, el diario republicano valenciano El Pueblo publicó una noticia sobre la campaña para acoger a niños austriacos hambrientos tras la Primera Guerra Mundial. Empieza así:
«Hemos recibido, procedente de Austria, muy interesante carta escrita en Esperanto, cuya traducción no publicamos íntegra por ser demasiado extensa, pero que, en resumen, viene a decir lo siguiente…»
La carta preguntaba por los niños:
«¿Son ellos culpables? En todas las naciones que estuvieron en guerra se busca a los causantes de ésta por el hambre y la miseria que han causado; pero creemos que no debe consentirse que ellos, que son los que con más seguridad puede decirse que son inocentes, sean tan cruelmente castigados. Habiendo muerto sus padres en la guerra y estando sus madres…»
Aquí el papel del periódico se rompe y el resto no se lee.
Lo que importa está al final
Cuatro líneas más abajo, la noticia da la dirección a la que escribir:
«Mientras no se forme en la capital una comisión que entienda en este asunto, las invitaciones y proposiciones diríjanse a Grupo pro-niños, calle de San Francisco, número 2, Cheste (Valencia).»
Es decir: en febrero de 1920, Valencia capital todavía no tenía comisión y Cheste sí. Quien quisiera acoger a un niño austriaco en la provincia escribía a una casa del pueblo. Ocho meses antes de que llegara el primer grupo —el 10 de octubre de 1920—, el grupo de Cheste ya era la dirección de contacto de toda la campaña.
El periódico cuenta además quiénes se estaban ofreciendo:
«Entre los solicitantes se encuentran personas de todas las ideas, desde obreros sindicalistas y socialistas hasta sacerdotes. Algunos que tienen voluntad y no pueden mantener a un niño ellos solos están formando grupos para proponerlo a sus sociedades, para que sostengan a uno un día cada socio.»
Por qué esto explica lo demás
Esta noticia enseña el mecanismo entero: la petición viajó en esperanto desde Austria hasta un pueblo de la Valencia interior, y desde allí se organizó la acogida. No fue caridad genérica: fue la red esperantista funcionando como se suponía que debía funcionar, y por eso Francisco Máñez acabó acompañando a los niños al barco de vuelta en 1922, y por eso su sobrino se llamó Walter.
Fuentes
- El Pueblo: diario republicano de Valencia, año XXVII, nº 10118, 27 de febrero de 1920 — Biblioteca Virtual de Prensa Histórica. La crónica que la acompaña la firma Arturo Mori desde Madrid, el 25 de febrero de 1920.