Hasta ahora, la primera aparición de Cheste en la prensa esperantista española la teníamos fechada vagamente «en 1921». Ya se puede precisar: fue en la crónica de un encuentro internacional celebrado en Zaragoza, y el pueblo aparece porque Francisco Máñez se levantó a hablar en su nombre.

Qué era aquello

La Dua Diskutanta Kunveno de Esperantistoj de Ĉiuj Landoj —«Segunda Reunión Deliberante de Esperantistas de Todos los Países», abreviada DUDKEĈL en las crónicas— se celebró los días 26 y 27 en Zaragoza, en el local del grupo «Frateco». La revista que lo cuenta es el número de mayo-junio de 1921 de Hispana Esperantisto, y no llega a nombrar el mes.

Lo organizó, «pese a su estado de ánimo» —su hijo David, vicesecretario del encuentro, estaba gravemente enfermo—, el abogado Manuel Maynar, con la ayuda de Rocamora, Gorgues y Mayol desde Barcelona y de Mangada. El otro pilar, Emilio Gastón, cofundador de «Frateco», andaba al mismo tiempo ocupado con la acogida de los niños austriacos, «empresa notable y llena de éxito».

Ese detalle no es decorativo: es el contexto exacto en el que Cheste entra en escena.

El día 26: la sesión preparatoria

A las once de la mañana, el local de «Frateco» se llenó. A las tres de la tarde hubo sesión preparatoria, y la crónica enumera a los representantes presentes. Entre ellos, con el apellido ya maltratado por la imprenta, «Máñez (Federación Valenciana)».

Estaba también Karl Bartel, el teniente austriaco que se encontraba en España por la acogida de los niños; su uniforme, dice la crónica con guasa, fue el principal reclamo cuando los congresistas salieron a pasear por una ciudad que celebraba fiestas ese mismo día. Por la noche, todos a la estación a recibir la caravana de barceloneses: el tren llegó veinte minutos antes de las nueve, «estalló el entusiasmo» y, como no cabían en los tranvías, muchos subieron al centro andando.

El día 27: los saludos

A las diez de la mañana, Gastón inauguró una exposición esperantista en el palacio que albergaba los museos de la ciudad —libros, revistas y, llamando la atención de todos, un periódico de los estudiantes de la Universidad de Pekín, impreso en chino salvo los anuncios de revistas en esperanto—.

A las once, en el Ateneo, los saludos. La lista es un mapa del esperantismo español de 1921: Mangada por el Ejército y el Ayuntamiento de Jaca, Gili por la Federación Catalana, Maraury por la Cámara de Comercio de Huesca, Chaler por los grupos de Tarrasa, el padre Casanova por Girona, Luna por Madrid y la Cruz Roja, Campdelacreu por Manlleu, Allende por la Federación Vasca y la Diputación de Bilbao, Comella por Vic, Serrano Olmo por la Federación Andaluza… y, entre todos ellos:

«Máñez, en nombre de la Federación Valenciana y de los samideanos de Cheste.»

Cerró la ronda Bartel, que agradeció en nombre del gobierno de Estiria —la región austriaca de la que salieron los niños—. Después abrió los trabajos el alcalde de Zaragoza.

Lo que se aprobó

La sesión sacó adelante, por unanimidad, una petición al Ministerio de Instrucción Pública: que añadiera el esperanto a los programas de las Escuelas Normales, las que formaban maestros, aunque fuera de momento con carácter no obligatorio. El razonamiento merece transcribirse:

«La Reunión, consciente de que en casi todas las escuelas e institutos los alumnos aprenden los idiomas para sí mismos, y consciente de que en las Escuelas Normales los maestros y maestras aprenden las lenguas para enseñarlas a los demás, pide al Ministro de Instrucción Pública que añada urgentemente a los programas de las Escuelas Normales el aprendizaje de la lengua auxiliar internacional Esperanto.»

Tres años después, en Cheste, Máñez estaría enseñando esperanto al maestro nacional del pueblo.

Por qué importa

Es la mención más antigua de Cheste que hemos localizado en la prensa esperantista, y no es una nota suelta: es un labrador de un pueblo de la Valencia interior tomando la palabra, en esperanto, en una reunión internacional, delante del alcalde de Zaragoza y de un teniente austriaco que hablaba en nombre de su gobierno. En ese mismo momento se estaba organizando la acogida de los niños de Graz, y catorce de ellos acabarían en Cheste.

Fuentes