El 9 de enero de 1932, la revista ilustrada madrileña Estampa publicó un reportaje a doble página sobre Cheste con un titular que dio la vuelta al país: «Un pueblo español cuyos ocho mil vecinos hablan Esperanto». Lo firmaba José Rico de Estasen, con sus propias fotografías, bajo el antetítulo «A los veinticinco años de propaganda».

No era estreno: el reportaje había salido dos semanas antes en Las Provincias, el 26 de diciembre de 1931. Fue la reproducción en Estampa —revista de tirada nacional— la que lo convirtió en fenómeno.

Las Provincias volvió sobre el asunto en enero de 1932 para contar lo que había pasado en el pueblo:

«Ha producido tan grata sensación entre los lectores de ambas publicaciones que, según nos dice el héroe de ambos artículos, se halla verdaderamente abrumado por el sinnúmero de cartas y postales que ha recibido de multitud de personas, la mayor parte desconocidas: unas para felicitarle, otras para hacerle mil preguntas sobre su vida y costumbres, y otras en las que le piden gramáticas para aprender el Esperanto; y hasta ha recibido libros no esperantistas con afectuosa dedicatoria de su autor.»

Máñez «se lamenta de no contar con medios económicos para corresponder como debe a sus espontáneos y desconocidos corresponsales», pero promete cumplir «tan pronto le sea hacedero». Y no fue el único:

«También las señoritas esperantistas de Cheste, cuyos retratos publicó Estampa, han recibido muchísimas tarjetas postales y cartas de ignorados admiradores y otras personas que las han felicitado, hallándose todas ellas muy atareadas en contestarlas.»

El periódico remata con la frase que mejor mide hasta dónde llegaba el grupo en el pueblo: el asunto «ha constituido la comidilla de la última semana en la población, ya que no hay vecino en ella que no cuente con algún familiar en la directiva del Grupo Esperantista Lumradio, o entre sus numerosos asociados». Y añade que en otras localidades de la provincia se notaba ya «cierta emulación y aún cierto anhelo de imitar a Cheste».

La revista de la Hispana Esperanto-Asocio se hizo eco en su número de febrero de 1932 y resumió el efecto: la propaganda de Estampa fue «gravega» —importantísima— porque a raíz de ella Francisco Máñez Sánchez empezó a recibir montones de cartas y postales pidiendo información sobre el esperanto desde todos los lugares de España.

Un pueblo que enseñó al alcalde, al médico y al cura

El reportaje describe a Máñez como un hombre «de humildad y nobleza, alpargatas y blusa», que pasa el día en el campo y vuelve a casa, ganado el jornal, «a lomos de un borriquillo. Viene leyendo». En veinticinco años, dice, ha enseñado el esperanto «al alcalde y al médico, al sacristán y al cura, al secretario del Ayuntamiento y al maestro de escuela».

Máñez le cuenta al periodista cómo empezó: hacia 1906 o 1907 cayó en sus manos un periódico inglés donde se describía el objeto de la lengua internacional; en un viaje a Valencia compró una gramática de esperanto en una librería de lance; a los tres meses escribió a un esperantista del Japón para contrastar sus fuerzas, y la respuesta llegó. Y describe su ardid para despertar la curiosidad del pueblo: hacerse dirigir la correspondencia al casino principal, donde todos se admiraban de que un hombre de su condición recibiera cartas de todo el mundo en un idioma que nadie conocía.

Una junta de mujeres

Las fotografías del reportaje ponen nombre y cara a quienes dirigían el Centro Esperantista de Cheste en aquel momento — y las cuatro son mujeres:

  • Pura Tamarit, presidenta.
  • Amelia Canos, vicepresidenta.
  • Adela Hoyo García, secretaria — la misma que en 1935 aparecería en las listas de nuevas socias de la revista de la asociación.
  • Consuelo Ferrando, depositaria de los fondos de la Agrupación Esperantista.

Y una quinta chestana: Amparito Remohí, «que en el VII Congreso Nacional de Esperanto saludó a los congresistas con un bello discurso».

Esperanto en braille

Una sección del reportaje se titula «La enseñanza del esperanto a los ciegos»: Máñez aprendió el método braille y con él enseñó esperanto a doña Gratiniana Verduch, ciega, y a Gregorio Ortiz, «privado de la vista también». Es el mismo «ciego Gregorio» —vendedor de periódicos que los pregonaba en esperanto— cuya muerte repentina reseñaría la prensa esperantista en junio de 1936, y el mismo detalle que, ochenta años después, seguía contándose en el pueblo: «¡hasta un ciego de Cheste aprendió esperanto en braille!».

Segunda página del reportaje, con las fotos de los niños austriacos y del ciego Gregorio Segunda página del reportaje: Máñez en Venecia camino de Roma, el ciego Gregorio, el niño Walter Krismann y Amparito Remohí.

Los niños austriacos, Venecia y la Medalla

El reportaje cuenta también «la odisea de los niños austríacos»: la carta llegada de Graz pidiendo auxilio, el viaje de Máñez a Barcelona a recogerlos y su llegada a Cheste con catorce chiquillos, repartidos entre familias acomodadas —«él, siempre humano y generoso, se reserva el más débil»—. En junio de 1922 los acompañó de vuelta a Estiria, donde el recibimiento fue «apoteósico»; una foto lo muestra con las autoridades austriacas. El niño que vivió con él, Walter Krismann, estuvo diecisiete meses en su casa.

Otra fotografía lo sitúa en la plaza de San Marcos de Venecia, «de paso para Roma, donde fue recibido en audiencia particular por el Papa».

Sobre la Medalla del Trabajo, el reportaje precisa que el acuerdo de solicitarla se tomó por aclamación en el Congreso Esperantista de Madrid de 1927, que se concedió el 18 de julio de 1928 y que se le impuso en la sesión de apertura del VII Congreso Nacional de Esperanto, en el salón de actos de la Exposición de Sevilla.

En el momento del reportaje, Máñez era además representante en Cheste del Tribunal Tutelar de Niños Delincuentes, y su labor había extendido el esperanto a Pedralba, Gestalgar, Buñol, Macastre, Turís, Carcaixent y Chiva.

Fuentes

  • José Rico de Estasen, «Un pueblo español cuyos ocho mil vecinos hablan Esperanto», Estampa (Madrid), 9 de enero de 1932ficha y recorte en Bitoteko (Biblioteca de la Federación Española de Esperanto). El catálogo de Bitoteko da la fecha como incierta; la fija Las Provincias, que en enero de 1932 remite «al reportaje publicado en LAS PROVINCIAS del día 26 del pasado diciembre, y reproducido en Estampa el día 9 del actual».
  • «Notas esperantistas», Las Provincias, enero de 1932 (efecto del reportaje) y 26 de diciembre de 1931 (publicación original) — Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
  • Hispana Esperanto-Gazeto, nº 11 (febrero de 1932), sección «Kroniko», p. 14 — ejemplar digitalizado.