En septiembre-octubre de 1964, el boletín de la Federación dedicó su sección «Niaj pioniroj» —«nuestros pioneros»— a Francisco Máñez Sánchez, que tenía entonces 76 años. La presentación lo describe como «todavía sano y felizmente vivo», y resume su vida en una línea: «el humilde campesino a quien recibió Su Santidad Pío XI y gozó de la amistad y estima de eminentes personalidades del país y del extranjero».

Después vienen cinco preguntas. Es, hasta donde hemos podido rastrear, la única vez que le oímos hablar en primera persona.

Cómo empezó

«¿Dónde y cuándo entró en contacto con el Esperanto y empezó a aprenderlo?»

«En Cheste (Valencia), mi pueblo natal, donde trabajaba entonces como agricultor. Sobre la fecha no estoy del todo seguro, pero creo que ocurrió durante los últimos meses de 1907. Un amigo mío me dijo que había leído en un periódico que se había ideado una lengua fácil llamada Esperanto, para que todos los hombres del mundo pudieran entenderse y hacerse amigos; esa idea me cautivó y desde entonces busqué el modo de aprenderla.

Unos meses después encontré en Valencia una gramática de Duyos-Inglada y empecé a aprender Esperanto completamente solo, sin conocer a ningún esperantista. Tenía entonces unos veinte años.»

El detalle importa: no había maestro, ni grupo, ni nadie con quien practicar. Solo un libro comprado en Valencia — el Curso práctico de Esperanto de R. Duyos Sedó y Vicente Inglada Ors, que llevaba una carta de recomendación del propio Zamenhof.

Por qué

«¿Cuál fue el factor principal que le impulsó a aprender Esperanto?»

«Me impulsó a ello conocer a los desdichados del mundo entero y ayudarlos en lo posible, y también disfrutar conociendo la felicidad de los felices, si no obran mal contra los demás.»

«En su opinión, ¿cuál es el objetivo principal de una lengua auxiliar internacional?»

«La comprensión mutua de los hombres. Porque mi opinión, casi innata, me hace creer que la incomprensión o el malentendido engendra disputas, riñas, batallas o al menos desconfianzas; y al contrario, la buena comprensión capacita a los hombres para ayudarse recíprocamente y alcanzar el bien, o evitar el mal.»

El mensaje

«Después de su larga vida esperantista, ¿qué mensaje transmitiría a los esperantistas de hoy?»

«Según mi modesta opinión, todos los esperantistas presentes y futuros deben estar siempre dispuestos a enseñar, propagar y practicar el Esperanto, y también a ayudar a los extranjeros en lo posible; todos deben ser constantes y fieles al Fundamento, sin afán reformista ni exagerador, porque esas tendencias pueden engendrar divisiones entre nosotros.

Si se exageran las buenas cualidades se puede ponerlas en ridículo y hacer daño; pero también hace daño, en mi opinión, quien exagera y multiplica sus dificultades.»

Y a continuación, una reflexión que sorprende en un agricultor autodidacta de un pueblo de la Valencia interior:

«Algunos abogan por conservar intacto el vocabulario que Zamenhof propuso al principio, y otros, al contrario, querrían añadir montones de palabras superfluas. Pero el Esperanto, cuidado por la Academia, sigue su evolución natural, añadiendo solo las expresiones necesarias y dejando de lado las demás.»

Una nota final

La entrevista dedica también unas líneas a su mujer, Victoriana Bueno de Máñez, «también ferviente esperantista y verdadera personificación de la delicadeza y el encanto femenino». Fue su matrimonio con ella lo que llevó a Máñez a Zaragoza, donde moriría cinco años después.

Fuentes

  • «Niaj pioniroj… Francisco Máñez Sánchez», Boletín de la Federación Española de Esperanto, 2ª época, año II, nº 9 (145), septiembre-octubre de 1964 — ejemplar en Gazetoteko, texto extraído por OCR propio. Localizado a partir de la pista que dejaba la necrológica de 1969.