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Pinna: del Neógeno al Mediterráneo actual - Julio

  • 6 julio de 2026

Si pudiéramos observar un fondo marino del Neógeno, hace millones de años, la escena nos resultaría sorprendentemente familiar: grandes conchas en forma de cuña emergiendo del sedimento y filtrando el agua en silencio. Son Pinna, uno de los bivalvos más grandes conocidos y un ejemplo extraordinario de continuidad evolutiva.

 

Este género posee un registro fósil que se remonta al Pérmico, hace unos 300 millones de años. El ejemplar expuesto en el MUVHN —una matriz de unos 45 cm con varios individuos— procede del Neógeno (entre 23 y 3,6 millones de años). Sus líneas de crecimiento y el extremo apical muestran cómo vivían parcialmente enterrados y fijados al fondo mediante el biso, un haz de filamentos resistentes.

Como sus parientes actuales, eran organismos filtradores que habitaban aguas someras (1–50 m), sobre fondos arenosos o fangosos, a menudo asociados a praderas marinas. Sus conchas no eran solo una “casa”: también servían de soporte para otros organismos, contribuyendo a la biodiversidad.

La comparación con la especie actual, Pinna nobilis (nacra), revela un diseño biológico apenas modificado durante millones de años. Este gran bivalvo mediterráneo puede superar el metro de longitud y desempeña un papel clave en la claridad del agua.

Sin embargo, este “fósil viviente” se encuentra hoy en peligro crítico de extinción. Desde 2016, una mortandad masiva causada principalmente por el protozoo Haplosporidiumpinnae ha devastado más del 99 % de sus poblaciones.

De forma sorprendente, su biso —los filamentos con los que se fija al fondo— dio origen a la llamada “seda de mar”, uno de los tejidos más valiosos de la Antigüedad.

Un linaje que ha sobrevivido millones de años… y que hoy depende de nuestra capacidad de conservarlo.

Imágenes: