Nueve chestanos en el último congreso antes de la guerra
En junio de 1936, seis semanas antes del golpe militar, nueve vecinos de Cheste figuraban entre los últimos inscritos al XI Congreso Español de Esperanto, en Barcelona.
En junio de 1936, seis semanas antes del golpe militar, nueve vecinos de Cheste figuraban entre los últimos inscritos al XI Congreso Español de Esperanto, en Barcelona.
En agosto de 1933, Francisco Máñez Sánchez organizó un viaje a Mallorca con 61 participantes, la mayoría chestanos, recibidos en Palma por los esperantistas de la isla.
Caravana desde Valencia, el pueblo en masa saliendo a recibirla, paellas en el local del grupo y, a las cuatro, el teatro lleno para oír a chestanas leer a Benavente traducido al esperanto.
El reportaje de Estampa sobre Cheste, con la junta femenina del Centro Esperantista, los alumnos ciegos que aprendieron en braille y los niños austriacos acogidos por Máñez.
El 18 de octubre de 1931, con el Ayuntamiento como patrocinador, el pueblo descubrió una lápida en honor del creador del esperanto en la calle que ya llevaba su nombre.
Iba de Europa a África en bicicleta haciendo propaganda del esperanto. El 27 de noviembre de 1930 paró en Cheste, y el corresponsal del pueblo lo contó en el periódico.
En el VII Congreso Español de Esperanto (Sevilla, noviembre de 1928), el labrador chestano fue distinguido por Real Decreto por enseñar la lengua tras la jornada del campo.
En 1927 el pionero se examinó ante el Instituto Español de Esperanto y obtuvo el Diploma de Profesor. Ese mismo año daba tres cursos simultáneos en Cheste.
En las fiestas de 1925, el Grupo Esperantista puso su premio junto al del Sindicato Agrícola, la banda La Lira y el jefe de Telégrafos. El tema iba enunciado en esperanto, y se podía concursar en esa lengua.
En el congreso regional de 1925, el grupo de Cheste llegó con unos cuarenta socios y una vecina ciega leyó en braille un discurso en esperanto y luego acompañó al piano al coro chestano.
El domingo 19 de octubre de 1924 el pueblo recibió a los esperantistas de toda la región: orfeón, banquete servido por chestanas, y una vecina ciega leyendo en braille un discurso sobre lo que el esperanto daba a los ciegos.
La revista de la Federación publicó la foto del grupo esperando para embarcar, y contó quién los acompañaba: entre ellos, el pionero de Cheste.